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El perfeccionismo puede perjudicar tu salud

Las personas perfeccionistas, aunque en apariencia están más predispuestas a rentabilizar el esfuerzo y el trabajo para encaminarlo a éxitos concretos en sus vidas, normalmente desarrollan patrones de pensamiento tóxicos que terminan convirtiendo la experiencia diaria en un circulo vicioso de insatisfacciones continuas

La sobre exigencia personal es una de las tónicas predominantes en las acciones de las personas con perfeccionismo, y sus efectos sobre el bienestar y el equilibrio emocional pueden acabar haciéndoles perder la perspectiva positiva, tanto de si mismos, como de su entorno más próximo.

En la mayoría de los casos la acumulación de éxitos personales deja de tener importancia y prevalece sobre ellos un pensamiento desmesuradamente exigente que les impide disfrutar plenamente de cualquier éxito, pasando por alto la importancia que tiene para nuestra autoestima la celebración de toda meta o logro. Las personas excesivamente perfeccionistas suelen tener una baja percepción de si mismos y todo acontecimiento es sometido a niveles tan altos de presión y auto-crítica que cualquier imprevisto o error termina desenbocando siempre en una cadena de frustraciones que conducen a vivir un estado de juicio y desvaloración continuada.

El perfeccionismo, aunque en niveles equilibrados puede ser una útil herramienta para lograr todo aquello que nos reporte seguridad, bienestar y éxito,  termina repercutiendo en nuestra salud, convirtiéndonos en personas con altos niveles de estrés, con altibajos emocionales muy perjudiciales, y carentes de toda la energia anímica positiva necesaria para disfrutar de una vida plena.

La constante necesidad de conseguir más, o ser mejor en todo lo que se hace, determina un patrón pensante que convierte a un perfeccionista en una persona bastante intolerable principalmente consigo misma. La visión personal impide que cualquier acción o acontecimiento pueda ser enfocado desde un punto de vista objetivo, y esa falta de permisividad y aceptación de los propios valores y talentos hace que el exceso de perfeccionismo no les permita nunca disfrutar o conseguir la satisfacción y plenitud deseada.


Las personas perfeccionistas exigen a su organismo un sobre esfuerzo muy perjudicial. Tienen que lidiar con la insatisfacción continuada y con la presión estresante de mejorar y perfeccionar cada acción, limitando su capacidad de disfrutar de aquello que se consigue. Aprender a ser más flexibles y tolerantes, aceptando virtudes y defectos y comprendiendo que la búsqueda de la perfección no es un fin en si mismo, si no una via para reportarnos positividad, felicidad y bienestar personal, puede ayudar a equilibrar el exceso de juicio y auto-crítica, permitiendo retomar una relación positiva y objetiva, donde lo realmente importante sea nuestra capacidad de disfrutar de nuestros éxitos.